lunes, 8 de enero de 2018

CHISTE DEL LUNES. PEQUEÑA HISTORIA.






EL PRIMER EMPLEO


¡¡Por fin!! Había conseguido mi primer trabajo como becaria para un periódico local. No tenía mucha tirada, pero lo principal era empezar. Me tocó cubrir la rueda de prensa de un científico que había conseguido algo espectacular. Un invento que revolucionaría los productos para el crecimiento del cabello, algo así como el remedio a la alopecia. Vi perfectamente como mis compañeros no envidiaban mi cometido, pero para mí, era una gran oportunidad. Conseguiría una entrevista con ese científico, el ya casi famoso Joao Novas Enrique. Además, era en Oporto, ciudad que nunca había visitado. Bueno, la verdad es que nunca había salido de Madrid.

El vuelo era dentro de tres días, suficiente tiempo como para empaparme de la historia tanto de Joao, a base de leer sobre él le tuteaba, como de la propia ciudad de Oporto. Nadie, y digo nadie, podría interponerse en mi camino.
Nací en el barrio de la Latina, castizo como ninguno otro en Madrid, y eso me enseñó, que hay gente con la mano muy larga. Pero ni aun así… Bueno, eso es adelantarme demasiado.

Yo soy Puri, la huérfana del quinto, a la que, por pena, o por caridad, los vecinos siempre me traían algo de comer, cosa que siempre, como buena cristiana agradecí. Con los beneficios que obtuviera de este reportaje, que estaba segura sería la caña, instalaría en el edificio calefacción central. Mis vecinos eran todos muy mayores, y el que no se quejaba de artrosis, era reuma lo que tenía. Los sentía mis viejitos, y los quería como mis abuelos adoptivos que eran. Nunca llamaron a los servicios sociales, no querían que se me llevaran de allí, y luego, entre todos, me pagaron la carrera de periodismo. Ahora era mi momento, el momento de devolverles todo lo que habían hecho por mí. Perdonarme si uso el pañuelo, es esta maldita alergia.

Llegó el momento. Llegó el gran día, saqué mi abono transporte y partí hacia el aeropuerto de Barajas. Todo controlado, todo guay, y yo montaba por primera vez en un avión, creo que era un Airbus 45, pero no quiero presumir. El vuelo se me pasó en un tecleo página más o menos.

En el aeropuerto de Oporto estaba tan emocionada que caminaba como una zombi, mirando arriba y abajo. Tan despistada iba que a la entrada del metro, choqué con un caballero.
-Perdón-Le dije
-Desculpe -Me dijo él
Todo correcto ¿verdad?
Pues mira que no. Que cuando entré en el hotel sentí una premonición, casi me dio un jamacuco, para los finos un yuyu, tampoco, vamos una indisposición pasajera. Poté lo que no había comido en tres días. Me tiré sobre mi bolso como si me fuera la vida en ello, y así lo sentía. Rebusqué como una loca presa del pánico. Sólo una fan de un grupo de rock buscando su entrada para un concierto, puede entenderlo. Lo vacié sobre la cama, revisé una a una mis pertenencias.

Allí no había ni cartera con mi documentación… eso lo perdoné cuando me senté en la cama e intenté racionalizar aquello, pero y ¿mi pase de prensa? ¿Dónde estaba el pase de prensa que haría que pudiera acceder a la entrevista con Joao Novas Enrique?
Eso, no había Dios que lo perdonara. Tiré de móvil, joder que tiré. La factura se me subió un buen pico. Ni comisaria, ni periódico en Madrid, ni en la sede de Oporto, nadie me daba razón, sólo me facilitaban teléfonos y más números que ahora veo que me han sumido en la bancarrota. Estaba sin un puto euro, todo lo he consumido en llamadas totalmente inútiles.

Gracias a Dios, que mi padre me dejó una armónica, esa no me la robó, y he estado tocando blues en la estación de metro donde todo sucedió. La gente es amable y me deja propina, pero yo tengo algo que me hiere el corazón. No sé qué es, pero necesito saberlo, el blues y el jazz no me quitan el reconcome que tengo muy dentro de mí.

Y aquel día le vi, se agachó a echarme una moneda y de paso se llevó una de dos euros. Eso era una sinvergonzonería, porque esa moneda aquella mujer me la había dado a mí, por tocarle el blus de amor que bailó con su entonces prometido, ahora ya difunto esposo.

Algo se encendió en mí. Este era el desgraciado que había hecho mi futuro trizas, y con él el de mis pobres vecinos. No pude volver a Madrid, nadie daba crédito a mi historia, y como ninguna persona en España podía acreditar mi residencia, quedé confinada para siempre en Oporto.

No es mala ciudad, cuidado, preciosa, y divertida, pero yo añoraba mi casa y a mis viejitos, ese hombre me lo había robado todo. Mi vida, mi futuro.
Decidí seguirle, pero una vocecita dentro de mi cabeza me dijo que no. Yo sabía que era mi madre. Ella siempre me había llevado por el buen camino. Le escuché lo que tenía que decirme y luego hice lo que me dio la gana.

Me puse mona, me costó, porque entre la mugre que tenía, la poca agua que salía de la ducha y el poco presupuesto…Pero el medio mes que llevaba sin llevarme algo decente a la boca, hizo, que el vestido de la vecina de abajo, me viniera de miedo. La mujer era un poco, llamémosla libertina, y me dio un poco de asco ponérmelo, pero no estaba para hacerme la melindre.

Vestido guay, bolso bien a la vista. Culito moviéndose, sólo tuve que dar tres pasos por el andén, y él ya chocó conmigo.
 -Despulpe-Me dijo, mientras metía la mano en mi bolso.

El grito que dio no lo olvidaré en mi vida. ¡Qué placer recordarlo!

Un día antes había vaciado mi bote de propinas y había hecho dos compras. Una era un atrapa ratas del tamaño de una mano, así se lo dije al vendedor, y por una vez, joder, alguien me hizo caso a lo que decía.¡¡Sería que ya dominaba el portugués!!

Al cabrón que me había robado todo mi futuro le tenía pillado por una mano. Le mostré un bulto debajo de mi chaquetita de cuero rojo.
-O me acompañas o llamo a la poli.
Estaba cagadito de miedo y me acompañó. Él sabría lo que se hacía, yo en su lugar hubiera preferido a la poli. Le lleve a mi cuarto. El muy desgraciado sonrió, pensaba que iba a violarle, le miré la entrepierna y Dios Santo, me perdí. Yo sólo quería cortarle una mano con la segunda compra que realicé, una sierra multitareas. Pero tenéis que comprender que me lo puso a huevo, je je.  Le corté primero la mano que tenía libre, me dije que muy mal, porque entonces tuve que coger con dos deditos aquello flojo que sobresalía del pantalón, cortarlo y luego ya me entretuve con la otra mano.

¿Que si estoy tranquila?, pues sí, ya que por haber accedido a contestar sus preguntas me han prometido...¡¡¡eh, bajo notario!! Que yo ya no me fio de nadie, que mis viejitos tendrán su calefacción central, como Dios manda.

¿Y ahora, ya sí me pueden llevar de vuelta a España?, hay que joderse, si lo llego a saber, mato a alguien antes. Pídanle disculpas a la mujer que me alquila la habitación, díganle que era la primera vez que usaba una sierra para cortar partes humanas, y ya sé que debe estar enfadada por que le he dejado las paredes llenas de sangre y trozos humanos.

No, por Dios, no me enseñe las fotos que soy muy asquerosita para eso y vomitaría ¿Quiere usted que vomite?